En el Día Mundial de Acción por la Supervivencia Infantil, Honduras se suma al llamado global para salvar vidas que aún se pierden por causas prevenibles.
Aunque el país ha reducido la mortalidad infantil en las últimas dos décadas, persisten brechas profundas entre las zonas urbanas y rurales.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de mortalidad infantil se ubica entre 13 y 15 muertes por cada mil nacidos vivos, y la mortalidad neonatal alcanza 11 por mil.
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Son avances notables frente a las más de 30 muertes por mil registradas en el año 2000, pero el progreso no ha sido equitativo.
En las comunidades rurales, con menos acceso a servicios de salud, concentran la mayoría de los casos, mientras que las ciudades muestran mejoras gracias a la vacunación, el control prenatal y la atención pediátrica.
A nivel regional, Honduras se encuentra en la media centroamericana, por encima de Costa Rica y Panamá, pero aún dentro de los márgenes de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 3.2), que buscan reducir las muertes de menores de cinco años a menos de 25 por mil antes de 2030.
Organismos internacionales advierten que el país necesita acelerar el ritmo de reducción, especialmente en la atención perinatal y neonatal, para mantener los avances logrados.
El mayor desafío sigue siendo el inicio de la vida debido a la falta de atención oportuna durante el parto y los primeros días de vida.
Es preciso, fortalecer los servicios materno-infantiles, ampliar la cobertura en zonas rurales y promover la lactancia materna para revertir esa tendencia.
En esta fecha de reflexión, los avances de Honduras muestran que el cambio es posible, pero aún insuficiente.
Garantizar la supervivencia infantil exige políticas sostenidas y equitativas, donde nacer en cualquier rincón del país signifique tener la misma oportunidad de vivir.