El 12 de octubre, conocido tradicionalmente como Día de la Raza, se conmemora en Honduras como una fecha para reflexionar sobre el impacto histórico de la colonización y la vigencia de los pueblos indígenas y afrodescendientes en la construcción del país.
La efeméride, instaurada durante el siglo XX, se inspiró en la idea del “encuentro de dos mundos” tras la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492.
Sin embargo, en las últimas décadas, organizaciones sociales y académicas han cuestionado esa interpretación por omitir las consecuencias de la conquista sobre las poblaciones originarias del continente.
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En Honduras, colectivos como la Confederación de Pueblos Autóctonos de Honduras (CONPAH) y la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH) han promovido una revisión crítica del 12 de octubre, proponiendo reconocerlo como el Día de la Resistencia Indígena y Negra.
El objetivo es visibilizar los procesos de despojo territorial, marginación y pérdida cultural que han enfrentado comunidades lenca, miskita, tolupán, pech, tawahka, maya-chortí y garífuna.
Diversos informes y pronunciamientos de derechos humanos han señalado que, para estas comunidades, la defensa de su territorio equivale a la defensa de su supervivencia.
En los últimos años, líderes y lideresas indígenas han sido víctimas de criminalización y violencia por oponerse a proyectos extractivos, hidroeléctricos o turísticos en sus territorios.
En el ámbito educativo y cultural, el 12 de octubre también ha sido objeto de revisión.
Instituciones y medios de comunicación promueven enfoques que priorizan la diversidad cultural y la memoria histórica, en lugar de la narrativa eurocéntrica del “descubrimiento”.
Más que una celebración, el 12 de octubre representa hoy un espacio para reconocer la continuidad y el aporte de los pueblos originarios en la identidad nacional, así como la necesidad de fortalecer las políticas públicas que garanticen su participación y derechos colectivos.
Foto | Leonel Estrada