Dulce Nombre de Copán resguarda el sagrado secreto del atol chuco

En el corazón de Dulce Nombre, Copán, donde el clima fresco abraza las tardes pacíficas, se esconde uno de los tesoros gastronómicos más antiguos y sagrados del occidente de Honduras.

En la cálida cocina de doña María Elena, el tiempo parece detenerse mientras decenas de lugareños y viajeros se reúnen alrededor del fogón.

No buscan simplemente un alimento, sino un vínculo vivo con los ancestros mayas-chortís, quienes veían en el maíz una sustancia sagrada capaz de conectar a la comunidad con la tierra y sus raíces más profundas.

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Esta bebida prehispánica, conocida tradicionalmente en lenguas nativas como tákut-ayúxuac-ét («bebida caliente de maíz»), guarda una mística especial desde su preparación.

Su peculiar nombre «chuco» no tiene relación con la suciedad, sino con la raíz mesoamericana que define la acidez y el fermento natural.

Para lograr su inconfundible y delicioso sabor agrio, el maíz reposa en agua durante dos días antes de ser molido con esmero.

Si visitas los coloridos callejones de Dulce Nombre, detenerte a probar este manjar de los madrugadores es una parada obligatoria para abrazar la identidad, la tradición y el alma de un pueblo que nunca olvida su historia.

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