Pueblos originarios y afrohondureños reafirman su legado en el Día Mundial de la Medicina Natural

En América, las civilizaciones precolombinas, legaron un vasto conocimiento sobre el uso plantas y prácticas que han curado males del cuerpo y el espíritu humanos.

Este saber ancestral sigue vivo; y  la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que cerca del 80% de la población en países en desarrollo depende de la medicina natural o tradicional como su principal forma de atención médica, tanto por su arraigo cultural como por la falta de acceso a otros servicios de salud.

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Cada 22 de octubre, el Día Mundial de la Medicina Tradicional busca destacar la importancia de estas prácticas que integran cuerpo, mente y espíritu.

A pesar de los avances científicos, la OMS subraya que la medicina tradicional sigue siendo una herramienta vital para millones de personas, pero advierte que en unos 40 países los remedios naturales se utilizan sin supervisión adecuada, lo que plantea retos en materia de regulación y seguridad.

En Honduras, la medicina natural es parte profunda de la cosmovisión de los pueblos originarios y afrodescendientes.

Cada grupo étnico conserva su propio conocimiento sobre las plantas curativas, rituales y técnicas de sanación que forman parte del patrimonio intangible del país.

Que las abuelas o las madres vuelvan su mirada a la medicina natural es un acto de continuidad cultural: una herencia que resiste frente a la modernidad y la expansión de la información digital.

No obstante, las figuras de las parteras, sobadoras y curanderas, sabiduría ancestral han sostenido la salud comunitaria por generaciones— son cada vez más difíciles de encontrar.

La falta de proyectos que rescaten, conserven y promuevan estas prácticas amenaza con diluir un conocimiento que forma parte esencial de la identidad y resistencia de los pueblos.

La integración de la medicina tradicional con la científica, impulsada por la OMS y algunos países de la región, podría representar un camino hacia un modelo de salud más inclusivo y respetuoso de los saberes ancestrales.

En este contexto, reconocer y valorar el legado de los pueblos originarios y afrohondureños no es solo un acto de memoria, sino una apuesta por un futuro en el que la salud sea también un derecho con raíces culturales.

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