De soñar frente al televisor a cocinar en el Four Seasons: Allan Pineda Trejo

A sus 20 años, el chef hondureño Allan Pineda Trejo vive su primera pasantía internacional en la prestigiosa cocina del Four Seasons de Jackson Hole, Wyoming.

Desde niño soñó con este momento, inspirado por los programas de cocina que veía en televisión y los sabores de su tierra natal.

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Hoy, Día Internacional del Chef, Revista Hibueras celebra la historia de Allan Pineda Trejo, un joven que encarna la pasión y el esfuerzo que definen a las nuevas generaciones de cocineros hondureños.

Formado en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Allan lleva su talento y disciplina a uno de los hoteles más reconocidos del mundo.

Su paso por la cocina del Four Seasons no solo representa un logro personal, sino también un reflejo del crecimiento de la gastronomía hondureña y de las oportunidades que se abren para los jóvenes talentos.

“Cada día hay más apoyo para quienes quieren dedicarse a la gastronomía, gracias a programas como el Técnico en Alimentos y Bebidas de la UNAH, la Licenciatura en UNITEC y los talleres del Infop, se  forma una nueva generación de chefs que pondrán el nombre de Honduras en alto”, señala.

Allan reconoce que los desafíos son parte del oficio: “El estrés, el cansancio físico y mental, perderse momentos importantes con la familia… todo eso es parte del sacrificio, pero también de la pasión que uno siente por lo que hace.”

Entre los momentos más gratificantes de su carrera destaca haber cocinado para los embajadores de Corea y Francia en Honduras, además de colaborar en eventos con la embajada de Estados Unidos.

Sin embargo, el paso que marcó un antes y un después en su trayectoria fue su incorporación a la Cocina TUAB, el restaurante laboratorio de la UNAH, donde pasó de ser estudiante egresado a chef de cocina.

Allí creó menús y vivió su primera gran experiencia profesional junto a un equipo calificado y grato.

Con humildad y orgullo, este joven chef sigue demostrando que los sueños también se cocinan a fuego lento, con esfuerzo, disciplina y un profundo amor por las raíces.

Su historia nos recuerda que la gastronomía es más que una profesión: es una expresión viva de identidad nacional, una forma de decirle al mundo que Honduras también se saborea.

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