En las manos firmes y curtidas de los tejedores de Santa Clara, Petoa, Santa Bárbara, se sostiene uno de los patrimonios más frágiles del occidente hondureño: la elaboración de tumbillas, esas canastas tejidas con jimilile, biscoyol, vayal o bejuco que durante generaciones han acompañado las cosechas de café y la vida cotidiana de esta comunidad.
Sin embargo, la tradición que dio origen al Festival de las Tumbillas está hoy en riesgo de desaparecer.
Una tradición que se teje con raíces
El gestor cultural Merlin Pineda, originario de Santa Clara, impulsó la creación del festival en 2019, inspirado en la necesidad de visibilizar el oficio artesanal de su comunidad.
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“La idea nace al ver diferentes festivales en el departamento, queríamos darle importancia al artesano de las tumbillas y lograr apoyo para sus productos”, explica Pineda, quien junto a un comité local logró reunir a músicos, pintores, poetas y a figuras como Pilo Tejeda.
El festival, suspendido desde 2022, nació como una plataforma de orgullo y encuentro comunitario, donde los pobladores mostraban sus emprendimientos, gastronomía y artesanías.
Más allá de una celebración, el festival es un acto de resistencia y afirmación frente a la debilitación de una práctica creativa, económica y de pertenencia, entorno a la cosecha del café.

Los hilos que se están rompiendo
El arte de tejer tumbillas requiere materiales naturales que ya escasean en la zona, tales como el jimilile, el biscoyol y el vayal han disminuido, obligando a los artesanos a comprar materia prima en otros municipios, encareciendo su producción.
«Estos materiales están escasos, y eso nos dificulta seguir elaborando las canastas; antes bastaba con ir al monte; ahora hay que comprar y eso eleva los costos», lamenta Pineda.


A esta realidad se suma la falta de apoyo institucional.
Aunque en algún momento el gobierno local brindó aportes simbólicos, el festival no ha recibido el respaldo necesario para garantizar su continuidad.
Familias depositarias de una herencia
En Santa Clara, el legado artesanal recae en apellidos que suenan a historia: Pineda, Vásquez, Martínez, Rivera, Rápalo, López y Gómez.
Hoy, solo dos familias, los Pineda y los Vásquez, mantienen la producción y venta de tumbillas, una señal alarmante del riesgo de extinción de esta práctica.

Merlyn sostiene que la clave está en fortalecer el apoyo al festival y a los artesanos.
«Necesitamos seguir realizando estos proyectos porque son vitales para el desarrollo de las comunidades y para conservar esos valores culturales que todavía existen en nuestros pueblos».
Un llamado por la memoria viva
El Festival de las Tumbillas no solo celebra la belleza del tejido artesanal; es una reivindicación del trabajo anónimo de los tejedores rurales, quienes sostienen con sus manos la identidad de Santa Clara.

El reto ahora es evitar que el silencio sustituya al sonido del bejuco trenzado; que los saberes ancestrales no queden como un recuerdo, sino como una práctica viva, tejida con orgullo, comunidad y futuro.