En este Día del Maestro, Revista Hibueras rinde homenaje a quienes enseñan con entrega y sin dobleces, a esos docentes que ponen a los estudiantes por encima de intereses políticos, y que desde las aulas rurales y urbanas sostienen la frágil promesa de erradicar el analfabetismo y cumplir con más de 200 días de clases.

Los datos ilustran la magnitud de la tarea: más de 1.07 millones de niños y adolescentes siguen fuera del sistema educativo. El promedio nacional de escolaridad es de apenas 7.4 años, muy por debajo del promedio de 9.33 alcanzado en Costa Rica y de los 9.4 de la región latinoamericana.
La brecha urbano-rural es alarmante: los jóvenes rurales tienen 4.6 años menos de escolaridad que los urbanos, lo que significa que, en promedio, no logran completar ni la educación básica, condenándolos así, a la exclusión y pobreza.
A ello se suma que seis de cada diez adolescentes no tienen acceso a la educación media y que, en 2024, 86,906 estudiantes reprobaron básica y media, reflejo de las pobres exigencias de calidad que seguimos arrastrando por desidia o comodidad.
Frente a esta realidad, el mérito de los maestros abnegados es mayor: ellos, que resisten al desánimo al sonar de las risas matutinas, entienden que su lealtad es con el niño que aprende, no con el político que promete; ellos, que ya con pies cansados, asisten a compartir saberes porque la pensión no alcanza; ellos, que corrigen tareas en la penumbra de una lámpara, quienes caminan kilómetros de polvo para abrir la escuela; ellos son quienes transforman carencias en oportunidades.
A ellos debemos más que gratitud: debemos un compromiso como sociedad. Reconocer su labor no con discursos pasajeros, sino con recursos, respeto, y una pensión digna a la hora del retiro.
Porque Honduras solo tendrá futuro si esos maestros que hoy siembran sueños encuentran en todos nosotros aliados para cambiar el destino de esos niños y niñas que se aferran a las pocas puertas que se les abren con el saber.
En este Día del Maestro, homenajeamos a quienes enseñan con el corazón: los que dan sin esperar retribución más que el progreso de sus alumnos; los que apagan la voz del clientelismo político para hacer brillar la voz del conocimiento.
Que su ejemplo siga siendo faro para las nuevas generaciones de hondureños y hondureñas.