Hoy, 12 de mayo, se conmemoran 123 años del nacimiento de Clementina Suárez, la primera mujer en Honduras que se atrevió a vivir, escribir y pensar con absoluta libertad.
Fue una pionera del feminismo, transgresora en su forma de vestir, amar y expresarse, y es reconocida como la gran poeta vanguardista de Honduras.
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Nacida en el seno de una familia tradicional formada por Luis Suárez y Amelia Zelaya Bustillo, Clementina pasó su infancia y juventud en el corazón de Juticalpa.
Desde muy joven rompió moldes y buscó su propio camino, viajando por Centroamérica y México, y publicando una obra poética que aún hoy resuena por su autenticidad y fuerza.
Fundadora de las revistas Mujer y Prisma, Clementina no solo escribió poesía: creó espacios para la expresión artística femenina en una época profundamente conservadora.
La poeta costarricense Carmen Naranjo la llamó “la mujer más pintada del mundo”, aludiendo a la gran cantidad de retratos suyos realizados por artistas de América y Europa.
Algunas de sus obras destacadas, Corazón sangrante (1930), De mis sábados, el último (1931), Los templos de fuego (1934), Engranajes (1935), Veleros (1937), De la disolución a la esperanza (1944), y Creciendo bajo la hierba.
En su honor, compartimos su poema «El Regalo», una ofrenda lírica cargada de sensualidad, naturaleza y misticismo:
EL REGALO
Quisiera regalarte un pedazo de mi falda, hoy florecida como la primavera.
Un relámpago de color que detuviera tus ojos en mi talle — brazo de mar de olas inasibles
la ebriedad de mis pies frutales con sus pasos sin tiempo.
La raíz de mi tobillo con su eterno verdor,
el testimonio de una mirada que te dejara en el espejo como arquetipo de lo eterno.
La voluble belleza de mi rostro, tan cerca de morir cada instante a fuerza de vivir apresurada.
La sombra de mi errante cuerpo detenida en la propia esquina de tu casa.
El abejeante sueño de mis pupilas cuando resbalan hasta tu frente.
La hermosura de mi cara en una doncellez de celajes.
La ribera de mi aniñada voz con tu sombra de increíble tamaño,
y el ileso lenguaje que no maltrata la palabra.