Rosmeri Lara Quartz: la escultora hondureña que convierte memoria, cuerpo y raíces en bronce

Rosmeri Julissa Lara Cerrato nació en Flores, Villa de San Antonio, Comayagua, y creció entre árboles frutales, charcos de lluvia y juegos en la calle.

Su infancia estuvo marcada por la libertad y la observación constante del entorno, una sensibilidad que con los años se transformó en lenguaje artístico: “Mi infancia fue super divertida, crecí con la libertad subir a los árboles por frutos”, recuerda la artista, conocida también bajo su nombre artístico Rosmeri Lara Quartz.

Entre muñecas a las que confeccionaba ropa, insectos que observaba durante horas y rompecabezas de gran complejidad, fue construyendo una mirada curiosa del mundo.

Esa exploración temprana derivó en una obra que hoy dialoga con la naturaleza, la espiritualidad y la memoria ancestral.

“Mi identidad es un tejido de raíces profundas que honra a los pueblos originarios de Abya Yala”, afirma.

Herencia familiar y origen de una mirada artística

El arte de Rosmeri no nace en la academia, sino en el entorno familiar que marcó su formación emocional.

De su madre heredó el vínculo con lo místico y los jardines que, según describe, «están llenos de espíritus del bosque«, mientras de su padre, boxeador profesional y medallista, aprendió la disciplina y la resistencia necesarias para sostener una práctica artística exigente.

“De mi madre heredé la creatividad y el misticismo, y de mi padre aprendí la fuerza y la determinación para proyectar mi voz”, explica.

Esa tensión entre delicadeza y fuerza atraviesa toda su obra, donde la escultura se convierte en un lenguaje para unir lo visible con lo espiritual.

Formación, oficio y la materia como lenguaje

Su paso por la Escuela Nacional de Bellas Artes le dio bases técnicas, pero su formación se consolidó en talleres de ebanistería, piedra y mármol, donde perfeccionó el dominio de los materiales hasta convertirlos en extensión de su pensamiento.

«Después de eso me resultó muy sencillo poder lograr mis obras y sacarlas de mi mundo al mundo real», afirma.

En el bronce encontró su lenguaje definitivo, un material que le permite dar forma a lo intangible: «Es donde he logrado plasmar mis ideas porque puedo lograr las formas de mi imaginación y traer el otro mundo a este», dice.

Espiritualidad, proceso creativo y resistencia

Su obra nace de una emoción que se transforma simultáneamente en diseño y poesía, ambos caminos avanzan juntos como parte de una misma construcción simbólica.

«Me doy la libertad de transformar la obra durante el proceso, hasta que me siento completamente conforme con el resultado, pero todo comienza con una emoción pura», señala.

También ha enfrentado prejuicios en su trayectoria, al inicio, por ser mujer de contextura delgada, generaba dudas sobre su capacidad técnica como escultora.

“He demostrado que el género o el físico no dictan el talento”, afirma.

Obras en espacios públicos de Honduras y Centroamérica

Parte de su obra ya forma parte del espacio público en la región.

En Cantarranas, Honduras, la pieza “Liquitimaya” se encuentra instalada en el paseo escultórico del Parque Infantil, donde dialoga con el entorno comunitario y el tránsito cotidiano de sus habitantes.

En Guatemala, en el Parque de la Paz de la Zona 21, está ubicada “Gemelas: la personificación del café y el cacao”, una obra que conecta con símbolos productivos y culturales del país.

En El Salvador, frente a la Casa de la Cultura de Metapán, se encuentra “La Creación”, una pieza que integra su visión sobre origen, materia y espiritualidad.

Estas esculturas han llevado su lenguaje artístico a espacios abiertos donde el arte convive con la vida diaria, ampliando su alcance más allá de los talleres y las galerías.

Arte, memoria y Abya Yala en el centro de su obra

Rosmeri define su propuesta como un cruce entre anatomía, naturaleza y espiritualidad, con su trabajo busca revelar lo invisible y recuperar saberes ancestrales desde una mirada contemporánea.

“A través del arte podemos rescatar la sabiduría ancestral que intentaron arrebatarnos”, sostiene.

Nuevos horizontes

En septiembre presentará en España su exposición “Que la carne florezca, Abya Yala tierra en florecimiento”, una serie de obras en bronce inspiradas en la cosmovisión mesoamericana.

Antes, el 12 de junio, mostrará una pieza en la Escuela Nacional de Bellas Artes en Tegucigalpa, como anticipo de ese proyecto internacional.

Desde Villa de San Antonio hasta el bronce, Rosmeri Lara Quartz ha construido una obra donde memoria, cuerpo y territorio se entrelazan en un mismo lenguaje: el de una raíz que insiste en crecer.

Deja un comentario

Descubre más desde REVISTA HIBUERAS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo