A los cinco años, Josué Daniel tomó una guitarra por primera vez sin imaginar que aquel encuentro con la música lo llevaría, años después, a construir arpas, guitarras, marimbas y otros instrumentos artesanales que hoy cruzan fronteras desde Tegucigalpa.
Lo que comenzó como una curiosidad infantil se transformó en un oficio de vida: la luthería, el arte de fabricar y reparar instrumentos musicales.
Desde su taller, ha impulsado «Raíces Sonoras», una empresa fundada en 2019 que produce instrumentos de cuerda pulsada de alta gama y genera empleo directo e indirecto.

Un origen marcado por la música, la familia y la disciplina
La historia de Josué Daniel Chávez Escoto, de 28 años, está profundamente ligada a su familia.
Su abuela materna, Ángela, de 95 años, fabricante retirada de instrumentos, fue la primera influencia que lo acercó al mundo del arte y la cultura.
“Mis raíces fueron influenciadas por mi abuela Ángela, ella me impregnó el arte y la cultura desde muy pequeño”, recordó.

Ese entorno creativo se fortaleció con el apoyo de su madre y de sus mentores, entre ellos Miguel Ángel Romero, coordinador de la carrera de Artes de la UNAH, y Jacob, su maestro en la escuela de luthería, figuras clave en su formación.

Infancia, talento y visión
Apenas con cinco años, aprendió a tocar guitarra, experiencia que marcó el inicio de un camino que más tarde combinaría con su formación académica.
Josue curso el Bachillerato Técnico Profesional en Salud y, al mismo tiempo, tomó cursos libres en la Escuela de Bellas Artes, actualmente es pasante de la carrera de Fonoaudiología, sin dejar de lado la música ni su trabajo artesanal.
Raíces Sonoras: un taller que convirtió el arte en empresa
Desde su taller en Tegucigalpa, Raíces Sonoras fabrica guitarras, arpas, ukeleles, dulcimer, guitarras eléctricas, bajos, marimbas, kalimbas, carambas, palos de lluvia, claves, cajones peruanos y cuerdas para arpas; y realiza restauración de pianos e instrumentos de cuerda.
Para Josué, la luthería representa más que un oficio.
“La luthería para mí significa una fuente de inspiración y una fuente de ingresos, que me ha permitido trabajar con artistas nacionales e internacionales”, explicó.






Uno de sus mayores retos ha sido abrirse camino en un país donde, según él, aún existe poco respaldo al arte y la cultura, además de consolidar una empresa joven con estándares internacionales de calidad.
El desafío de crecer entre la exigencia y la pasión
El trabajo artesanal exige precisión, paciencia y disciplina; entre todos los instrumentos que fabrica, Josué destaca el arpa celta como el más complejo y, al mismo tiempo, el que más satisfacción le ha generado.
Sin embargo, también mantiene un fuerte interés por la música autóctona hondureña, elaborando instrumentos como la caramba y la marimba, con el objetivo de preservar y promover la identidad cultural del país.

A pesar de las dificultades, asegura que la respuesta de sus clientes ha sido positiva.
«Quienes adquieren o restauran sus instrumentos quedan satisfechos y felices con la calidad del trabajo y la atención personalizada, porque soy muy riguroso con la calidad y la funcionalidad», afirmó.
Un sueño que apunta a crecer sin fronteras
La visión de Josué va más allá de su taller actual.
Su meta es construir una fábrica que le permita aumentar la producción y responder a la creciente demanda de instrumentos musicales.



“Seguir un sueño se siente como lanzarse con los ojos vendados, porque no sabes si saldrá bien; pero cuando ves los frutos, entiendes que vale la pena”, expresó.
Desde la colonia Villa Los Laureles, en Tegucigalpa, Josué ha convertido la madera, las cuerdas y la tradición familiar en una historia de éxito.
Aquí sus redes sociales, si desea encargar algún instrumento musical con Josué Daniel.
https://www.instagram.com/raicessonoras_hn?igsh=MzRlODBiNWFlZA==