En las comunidades de El Pelón y San Esteban, La Esperanza, un proyecto de cocinas móviles está cambiando la forma en que varias mujeres ven la cocina: ya no solo como tarea del hogar, sino como una posible fuente de ingresos.
La iniciativa, impulsada por la Escuela Gastronómica Miska en coordinación con la Oficina Municipal de la Mujer, llevó hasta las comunidades un facilitador gastronómico itinerante que enseñó técnicas de cocina con enfoque nutricional, apostando por el uso de productos locales como maíz, verduras frescas y alimentos cultivados en huertos familiares.



Entre estufas y recetas prácticas, las participantes aprendieron a preparar alimentos más saludables sin perder la identidad de la cocina tradicional de la zona.
Además de cocinar, las mujeres recibieron formación básica en nutrición y orientación sobre cómo transformar estas habilidades en pequeños emprendimientos locales, una alternativa importante en zonas rurales donde las oportunidades económicas suelen ser limitadas.

El programa municipal también facilitó insumos para el desarrollo de las actividades, lo que permitió que la experiencia fuera completamente formativa.