
En el occidente de Honduras, lo que sembraron los bisabuelos sigue alimentando a un país.
En el municipio de Belén Gualcho, decenas de familias se reunieron para intercambiar semillas nativas en una feria que no solo promueve la producción agrícola, sino también la memoria, la identidad y la esperanza.



Colores, saberes y tradición marcaron la Feria de Intercambio de Semillas Nativas y Tradicionales, realizada en el parque central del municipio Belén Gualcho, con la participación
de agricultores que llegaron con maíz, frijol, café, ayote y otras variedades criollas que han sobrevivido generación tras generación, adaptándose al clima y resistiendo el paso del tiempo.




“Estas semillas vienen de nuestros abuelos y hoy siguen alimentando a nuestras familias”, expresó Juan José Valeriano, alcalde municipal al inaugurar el encuentro, que reunió a abuelos, padres e hijos en un espacio de intercambio de saberes ancestrales vinculados al cultivo, la alimentación y cuidado de la tierra.
La actividad fue impulsada por la Municipalidad de Belén Gualcho, con el respaldo de la Municipalidad de San Pedro Copán y la Universidad Nacional Autónoma de Honduras a través de su Campus Copán, junto a la Universidad Indígena y de los Pueblos.




También participaron organizaciones como el Proyecto e Iniciativas para el Autodesarrollo Regional de Honduras, la Asociación Ecológica de San Marcos de Ocotepeque, la Organización de Desarrollo de Corquín y la Mancomunidad MAPANCE-PROCELAQUE, además del acompañamiento técnico del International Center for Tropical Agriculture y Bioversity International.


Durante la jornada, las semillas nativas se consolidaron como símbolo de resistencia frente a modelos agrícolas industrializados, destacando su papel en la soberanía alimentaria y la economía local.
Además del intercambio, el evento abrió espacios de diálogo sobre prácticas sostenibles, donde la Agroecología se posicionó como una alternativa clave para el futuro del campo hondureño.
El encuentro también puso en valor la conexión entre la agricultura y la protección del entorno natural, especialmente en zonas cercanas a la Reserva Biológica Cacique Lempira, un ecosistema vital para el equilibrio ambiental de la región.
Más que una feria, el evento fue un recordatorio: en tiempos de cambio climático y desafíos alimentarios, las semillas nativas no son solo pasado, sino una herramienta viva para construir el futuro.