La reciente ola de bajas temperaturas que sorprendió a Honduras este domingo, con registros cercanos a los 5 grados centígrados, despertó una pregunta casi increíble: ¿alguna vez nevó en Tegucigalpa? Aunque hoy parezca impensable, la historia confirma que sí ocurrió, y quedó registrada como uno de los fenómenos climáticos más extraordinarios del país.
En diciembre de 1848, un frío extremo azotó las zonas altas de la capital hondureña. De acuerdo con crónicas de la época, se reportaron aguanieve, escarcha y acumulaciones de hielo que cubrieron calles y campos, dando a Tegucigalpa una apariencia completamente blanca.
Las actividades se suspendieron, los cultivos resultaron afectados y el asombro se apoderó de la población, que jamás había presenciado algo similar.
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El hecho fue documentado por el escritor, inversionista y aventurero estadounidense William Vincent Wells, quien recorrió Honduras en la década de 1850 y dejó testimonio en su obra “Exploraciones y aventuras en Honduras”.
En sus relatos describe cómo una tormenta de nieve y granizo cayó durante aproximadamente una hora, formando capas de hielo que, en algunas zanjas profundas, alcanzaron hasta cuatro pies de espesor y permanecieron por casi dos semanas.
Wells narra que árboles, plantas y aves fueron destruidos por el fenómeno, mientras los habitantes, incrédulos, recolectaban trozos de hielo para enfriar el agua potable.
El evento fue presenciado por reconocidos vecinos de la ciudad y corroborado por numerosos testimonios, convirtiéndose en una memoria colectiva transmitida por generaciones.
Este episodio único, ocurrido en pleno trópico, sigue siendo motivo de fascinación histórica y científica. Como diría Ripley: aunque usted no lo crea, Tegucigalpa vivió, una vez, el día en que cayó nieve.