La historia del magisterio hondureño encuentra en Cándido Mejía una figura singular y profundamente inspiradora. Nacido en San Marcos de Ocotepeque el 27 de junio de 1859, su vida estuvo marcada por una temprana vocación intelectual y un compromiso inquebrantable con la enseñanza, en una época en la que educar era, más que una profesión, un verdadero apostolado.
Hijo de Manuel Mejía y Marina Chapeta Sequeiros, desde niño destacó por su disciplina y talento. A los diez años ya servía como escribiente del alcalde local y más tarde como copista parroquial, experiencias que forjaron su rigor académico.
Su formación continuó en Guatemala, donde ingresó en 1875 a la Escuela Normal Central para Varones, dirigida por el pedagogo cubano José María Izaguirre, en pleno auge de las Reformas Liberales impulsadas por Justo Rufino Barrios.
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En ese ambiente intelectual obtuvo, en 1877 y con apenas 18 años, el título de Maestro de Enseñanza Primaria, convirtiéndose en el primer hondureño graduado como maestro con formación académica formal.
Fue además uno de los primeros ocho docentes titulados en Guatemala, destacándose también en el ámbito musical. Durante esos años mantuvo una estrecha relación con José Martí, de quien fue discípulo y acompañante.
De regreso a Honduras, fundó en 1880 la escuela más antigua de San Marcos de Ocotepeque —hoy Escuela Cándido Mejía— y sirvió a su comunidad como educador y alcalde en tres ocasiones.
Su legado, cimentado en el saber y el servicio, demuestra cómo la educación puede transformar vidas y sembrar futuro para toda una nación.