Desarrollemos el campo, si queremos transformar a Honduras

Honduras.- El campo hondureño ha venido siendo motivo de estudio, y todos los analistas, sean estos sociólogos, economistas y estadistas que se refieren al campo están de acuerdo que es necesario pensar con mayor atención en sus problemas.

El campo hondureño está virgen para el desarrollo de grandes y pequeños proyectos agro-industriales, que vengan a ofrecer a nuestros campesinos incentivos para transformar sus sistemas da vida y de trabajo.

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Un sociólogo ha dicho, que el campo es una tierra virgen para las grandes transformaciones sociales, económicas y culturales. Sino se mejoran estas condiciones la explosión demográfica de nuestras ciudades irá en aumento, ocasionando los múltiples problemas que ya enfrentan los grandes centros poblacionales del país.

Debemos llevar la ciudad al «campo» es otro slogan que ha estado muy en boga; es decir, llevar todas aquellas comodidades, como el cine, la televisión, la luz eléctrica, el agua potable, la escuela, el colegio para que nuestros compatriotas no tengan que estar pensando venirse a la ciudad en busca de trabajo, que en definitiva no encuentran, porque no son mano de obra calificada y terminan siendo carne de explotación, o de los vicios, que los llevan a la cárcel o, a ser problemas sociales,

El campo debe ser objeto de una preocupación bien definida de parte del Gobierno y de las instituciones encargadas del desarrollo.

En primer lugar, pensamos es una educación distinta para la zona rural. Debemos llevar la educación técnica, científica y profesionalizante, para preparar a nuestros campesinos, no sólo a comprender letras y números, y su mundo, sino a hacerlo producir mediante la explotación racional de sus recursos.

Debemos pensar en una Reforma Agraria futurista, progresista y apegada a la realidad nacional. Démosles tierra al campesino, asistencia técnica y créditos, y veremos que no son haraganes.

Y con su trabajo mejorará sus vidas y no tendrán que estar pensando, en las lucen ficticias de una ciudad que quizá lo que impera es el vicio y la depravación.

Démosle a nuestra gente del campo un nuevo sentido a su existencia. Fortalezcamos su trabajo en grupo formando cooperativas de ahorro y crédito, de comercialización y de producción. Intensifiquemos los proyectos comunales y veremos a nuestra gente del campo cómo quiere a su terruca, donde nació y vio crecer su heredad.

Démosles orientaciones sanas para que adquieran hábitos sanos de vida familiar y colectiva basados en principios de solidaridad y de comprensión mutua.

Hagamos en fin del campo, un ambiente de vida basado en la confraternidad humana. Desechemos de nuestras mentes que nuestros hombres del campo sólo sirven para crear problemas. Vayamos al campo con una actitud de comprensión, y no de imposición de nuestras ideas, que muchas veces no son compartidas por nuestra gente humilde acostumbrada a una vida apacible, noble y buena.

Hay que reconocer que nos ha faltado visión honesta para hacerle frente a los problemas del campo hondureño.

Casi siempre hemos negado una ayuda, no como dádiva, que eso trae como consecuencia la dependencia.

Los campesinos necesitan otro tipo de ayuda, basada en principios educativos, que los forme integralmente, sólo así veremos cambios sustanciales en el agro Hondureño.

Tomado de la Revista Hibueras de 1983 y elaborado por Reynaldo Narváez Rosales.

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