
Valery Carolina Rojas Cartagena, cinturón negro I Dan, nunca imaginó que un día de miedo y confusión en el colegio la llevaría a convertirse en una de las atletas más prometedoras de Honduras.
«Tenía 12 años y una compañera me dijo que me golpearía a la salida; me sentí asustada y perdida, pero cuando llegué a casa, mi papá me dijo que conocía a alguien que daba clases de taekwondo; ese día cambió mi vida», afirma.
Los primeros entrenamientos fueron intensos, peleas con hombres mayores, espacios reducidos y prácticas en parques y espacios públicos.


“Cuando me ponían de ejemplo para algo, sentía que todos esos golpes que recibía no eran en vano, aprendiendo que el deporte es respeto, cremiento personal y paz para los pueblos”, afirma.
Gracias al apoyo constante de sus padres Erika y Manolo y de su primer entrenador, Rony Anariba, Valery aprendió a amar el taekwondo y a transformar la inseguridad de aquel recreo en disciplina y fuerza.

Obstáculos que forjan carácter y resiliencia
El camino no ha sido fácil; su primer torneo centroamericano en El Salvador puso a prueba su carácter.
«Fue un golpe fuerte, esperaba guía y apoyo, pero me encontré con menosprecio de otros atletas; mi papá Manolo fue mi único apoyo y gracias a él aprendí que basta con que una persona crea en ti«, recuerda.
Además de cubrir todos los gastos de entrenamiento y viajes, Valery vio frustradas oportunidades internacionales: una visa negada para Estados Unidos y la imposibilidad de asistir al Mundial en Jesolo, Italia, pese a haber clasificado con mérito, demuestra que, aunque un atleta tenga talento y disciplina, las barreras externas pueden limitar sus oportunidades.

Triunfos y enseñanza: cuando el esfuerzo da frutos
El segundo torneo centroamericano en El Salvador marcó un antes y un después: Cinturón amarillo y prácticamente desconocida, Valery se enfrentó a la campeona nacional y ganó.



Desde entonces, se consolidó como campeona centroamericana y ascendió al primer lugar en torneos nacionales y regionales.
“Quería demostrarme que nada de mi esfuerzo había sido en vano”, afirma.
Más tarde, convertirse en cinturón negro y pasar de alumna a maestra, son logros que simbolizan años de sacrificio y disciplina.



Hoy trabaja en escuela de taekwondo, la Academia de Lobos Guerreros, donde enseña los cinco principios del arte marcial: cortesía, integridad, perseverancia, control personal y espíritu indomable.
Añade, «Una de mis mayores admiraciones es Sonia López, mi actual entrenadora y fundadora de la academia».



“Saber que muchos niños me ven como ejemplo me motiva a seguir creciendo como atleta y como persona”, dice Valery.
Inspiración y llamado a apoyo
Valery entrena con la mirada puesta en metas internacionales: Juegos Panamericanos en Colombia y la Copa Mundial en Kazajistán, 2026.

Su historia es un llamado a autoridades y sector privado: invertir en jóvenes talentos no es solo apoyar un deporte, sino formar personas resilientes y líderes.
“Espero este año conseguir patrocinadores que me permitan asistir a torneos internacionales y continuar representando dignamente a Honduras”, concluye.


Valery Rojas Cartagena representa la resiliencia, la disciplina y la pasión por el taekwondo; su historia demuestra que un atleta no se define solo por medallas, sino por la capacidad de superar adversidades, inspirar a otros y construir un camino sólido hacia el éxito.

Quienes deseen apoyarla pueden contactarla por correo electrónico valerycartagena00@gmail.com, aportar a su formación, como embajadora de marca de indumentaria deportiva y boletos aéreos para representar a Honduras en competencias internacionales.