Desde los cinco años, Yolany Murillo recorría las calles de Santa Lucía con canastas llenas de flores, aprendiendo de su tía Rosita el arte de cultivar, vender y entender la vida desde el amor a los suyos.
Aunque estudió enfermería, su vocación emprendedora fue más fuerte: hoy dirige su propia floristería, una apuesta construida con pasión, talento y resiliencia para sostener a su familia.
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Una infancia marcada por el oficio:
«Mi niñez fue muy bonita porque siempre he estado en el rubro de las flores» recuerda desde la aldea El Piligüín.
Su tía, Rosita Murillo, reconocida canastera del municipio, no solo le enseñó a vender plantas ornamentales, sino también a valorar la disciplina y la educación.
“Ella me crió como si fuera su hija, me dio estudio, me dio todo”, cuenta Yolany, reconociendo la huella que marcó en su camino.


Cuando emprender exige volver a empezar
Hace más de una década, las tormentas tropicales arrasaron con sus cultivos: Lo que había construido durante años quedó bajo el lodo, pero Yolany no se detuvo.

Con apoyo de aliados y la experiencia heredada, transformó la crisis en impulso, orientando su trabajo hacia los arreglos florales y la decoración de eventos.
“Dios me dio el talento para trabajar con flores. Lo que hago es amor y práctica”, afirma, convencida de que la creatividad es una herramienta poderosa para sobrevivir.
De vender en la calle a consolidar una microempresa
Hoy, su negocio abastece al mercado San Miguel y a clientes en Santa Lucía, además de ofrecer arreglos para bodas, quinceañeras, funerales y celebraciones diversas.
Una amiga, Yadira Bedaña, entonces diputada del Congreso Nacional, la apoyó con capital semilla para iniciar lo que hoy conocemos como Floristería Yolany Murillo.
Ese impulso y su espíritu de trabajo dio forma a un proyecto que creció junto a sus hijos.





El emprendimiento como herramienta de vida
Para Yolany, las flores no son solo ingresos; representan sustento, identidad y un legado que honra su historia familiar.
“De mi negocio he comido, he vestido, han estudiado mis hijos, he estudiado yo”, dice con orgullo.
Cuenta siempre habla con aquella niña que vendía flores en las calles:
“Yolany nunca rindas, siempre podemos”.



Hoy, Yolany Murillo es ejemplo de como la perseverancia puede transformar un oficio tradicional en un proyecto sostenible, demostrando que los sueños sembrados en la infancia pueden florecer incluso en los terrenos más difíciles.