En 1960, cuando la radio era la única ventana al mundo para muchas comunidades rurales de Honduras, un sacerdote soñó con enseñar a través de las ondas herzianas.
Su nombre era Monseñor Evelio Domínguez Recinos, y su idea de crear una escuela que llegara a los pueblos más aislados, parecía una locura.
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Así nació Escuelas Radiofónicas Suyapa (ERS), un proyecto que encendió mentes donde no había electricidad y sembró conocimiento en los rincones más olvidados del país.
Con el tiempo, esa semilla creció y dio fruto: Acción Cultural Popular Hondureña (ACPH), una organización que hoy, más de seis décadas después, sigue transformando vidas desde las montañas de Yoro hasta las aldeas de Santa Bárbara.
De las ondas radiales a las comunidades indígenas
En las comunidades tolupanas de La Pintada y El Palmar, la palabra sigue siendo el primer paso hacia el cambio.
Allí, ACPH acompaña a familias que viven de la tierra, que conservan su lengua y sus costumbres, pero que por años fueron invisibles para los gobiernos.


Entre árboles de pino y caminos de tierra, sus proyectos de educación, salud y agroecología se han convertido en una red de apoyo vital.
Cada brigada médica, cada taller de alfabetización, cada beca entregada a un joven representa una chispa que mantiene viva la esperanza.
«Nos enseñaron que estudiar no es solo leer, dice una mujer tolupana de El Palmar; sino entender por qué la tierra y la palabra tienen el mismo valor».
Educar para vivir, no solo para aprender
A diferencia de otros programas que llegan y se van, ACPH permanece.
Su trabajo no se centra únicamente en enseñar, sino en acompañar a las comunidades en sus procesos sociales y culturales.
En Yoro, Cortés y Santa Bárbara, sus equipos fortalecen escuelas, impulsan educación inclusiva y apoyan a jóvenes que ni estudian ni trabajan, los llamados «ninis», creando oportunidades para reinsertarse en el sistema educativo o iniciar un emprendimiento.



Según Félix Banegas, Director Ejecutivo de ACPH, el eje de todo este trabajo son los valores humanos.
“Creo que actuar con la verdad siempre es lo correcto: si gano, gano; si pierdo, al menos lo hago con integridad», expresa.
Así, ACPH se sostiene sobre pilares inamovibles: amor al prójimo, lealtad, trabajo en equipo, justicia, transparencia y solidaridad.
Dice contar con un equipo multidisciplinario fuerte y competente, pero con un desafío latente: asegurar la sostenibilidad financiera.
Agrega que cada iniciativa, ya sea un taller de costura o una capacitación agrícola, impulsa un propósito común: que las personas asuman el papel principal en la transformación de sus propias vidas.
Sembrar esperanza en tiempos difíciles
Cuando la pandemia y los huracanes dejaron a muchas comunidades incomunicadas, ACPH no se detuvo.
Con su Proyecto Redes, equiparon 29 barrios en La Lima, Cortés, con centros de acopio y promotores comunitarios.

Su Proyecto Ambulancia ofrece traslados médicos a bajo costo, una diferencia que a veces significa salvar una vida.
En paralelo, el Proyecto Agroecológico ha devuelto a las familias la posibilidad de producir sus alimentos sin depender de químicos, recuperando saberes ancestrales y fortaleciendo la soberanía alimentaria.
El eco que sigue enseñando
Hoy, las Escuelas Radiofónicas Suyapa ya no solo enseñan por el aire, sino también en el terreno, con un mensaje que atraviesa generaciones.



Niños, jóvenes, adultos mayores y pueblos indígenas encuentran en ACPH una oportunidad real para aprender, sanar y emprender sin renunciar a su identidad.
Porque lo que comenzó como una transmisión radial se ha convertido en una corriente viva de cambio comunitario, guiada por la visión de quienes creen que la verdad y los valores humanos pueden transformar vidas.