Desde su “Taller de Piñatas”, Nohelia convierte materiales reciclables en obras tridimensionales que llenan de color los cumpleaños y celebraciones.
Autodidacta y perseverante, encontró en el arte de las piñatas una forma de vida que combina creatividad, amor y oficio.
El inicio de un sueño hecho a mano
Entre tijeras, cartón y papel de colores, Nohelia Tejada pasa sus días moldeando la alegría.
Su espacio, conocido como el Taller de Piñatas, nació del deseo de crear algo único: un oficio que une la artesanía con la felicidad de los niños.
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“Aprendí a hacer piñatas hace unos años, viendo videos y practicando”, cuenta, así empecé en mi casa, con materiales sencillos y muchas ganas de aprender”.
La iniciativa comenzó en el año 2000, cuando buscaba una forma creativa de generar ingresos y al mismo tiempo dar vida a su pasión por las manualidades.
Con el tiempo, lo que empezó como un experimento se transformó en un emprendimiento con identidad propia.
“Quise ofrecer algo diferente para las celebraciones y así nació el Taller de Piñatas”, recuerda con una sonrisa.
Creatividad que toma forma y color
Cada una de sus creaciones es una pieza artesanal elaborada totalmente a mano y en 3D.



Tejada cuida cada detalle con precisión, utilizando técnicas de modelado y refuerzo con materiales reciclables: “Mis piñatas son especiales porque son resistentes, originales y personalizadas”, afirma.
Entre sus trabajos más desafiantes destaca una piñata inspirada en Moana, que le exigió horas de paciencia y precisión.

“Fue una de las más difíciles, pero al final valió la pena ver la felicidad del cliente”, comenta orgullosa.
Los personajes favoritos del público siguen marcando tendencia: Spiderman, Minnie, Sonic, Frozen y Stitch son los más solicitados, especialmente para cumpleaños infantiles.
Donde nacen las sonrisas
Quienes deseen conocer su trabajo pueden encontrarla en redes sociales como Taller de Piñatas en Facebook e Instagram, o visitar su puesto en el Bazar del Sábado, donde exhibe sus coloridas creaciones.



La creatividad y la perseverancia son mis mejores herramientas.
“No me rindo fácilmente; siempre busco aprender más, innovar y darle lo mejor a cada cliente con amor y dedicación”.
En su taller, cada piñata es una promesa de alegría que espera estallar en colores, como un recordatorio de que la felicidad, a veces, también se fabrica con las manos.