Leonel es un fotógrafo documentalista que ha retratado con acierto, respeto y admiración a los pueblos originarios y afrodescendientes de Honduras.
Hoy, en Revista Hibueras, conversamos con Leonel Estrada sobre su trabajo, su inspiración y el poder de la fotografía como herramienta de memoria, justicia e identidad nacional.
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Un niño curioso
«De niño fui curioso, me gustaba ver cine mexicano en blanco y negro, devoraba las páginas de revistas y documentales, así aumentaba mi curiosidad por saber cómo los fotógrafos lograban capturar el tiempo en una imagen, años más tarde, la vida me daría la oportunidad de vivir mi propia historia detrás de un lente, convirtiéndome en fotógrafo documentalista”, comentó.
Leonel narra que cruzaba la ruta entre las colonias San José de la Peña y la Kennedy con un propósito: “Visitar a mi tía, pero más que eso, explorar el universo mágico de las cámaras de rollo que usaba mi tío político, don Obdulio Lobo, un fotógrafo profesional que nunca me regañó por tocar sus equipos; sin dudar, más de una alguna película le eche a perder».




Antes de incursionar en los medios de comunicación, Leonel trabajó en la compañía Kodac donde tuvo la oportunidad de aprender hacer fotografías, conocer todo tipo de equipos, y hacer sus primeros proyectos de documentación para los artistas Adán Vallecillo, Leonardo González y demás personas que confiaban en su creatividad.

Aprendí a valorar costumbres y saberes
Nos contó que años después, diario El Heraldo le abrió sus puertas. Entre otros temas, le encomendaron documentar la vida de la etnia Tolupán en la Montaña de la Flor, Francisco Morazán.
«Por unos días me interné en la aldea San Juan, donde los ancianos Cipriano Martínez y Julio Soto me enseñaron que la resistencia también se transforma en arte. Con ellos aprendí a escuchar lo valioso, a valorar las costumbres y saberes que sobreviven en la memoria», indicó.
«Como fotógrafo he estado en momentos que definieron el país, el huracán Mitch, el Golpe de Estado de 2009, partidos de fútbol donde el fervor latía en mis venas, pero ninguna cobertura me transformó como estar cerca de las etnias. Ser testigo de sus realidades es un privilegio que marcó mi trayectoria».

Aseguró que través del lente, ha visto la miseria, cruzado el fuego, capturado alegrías y la belleza de Honduras.
«Una de mis imágenes más reproducidas es la de una mujer lenca, en cuyo rostro late el alma de Honduras. Así he ido retratando los rostros de mi tierra», esa es una forma de amarla y preservar su patrimonio.
