Cada 17 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para crear conciencia sobre dos fenómenos globales que amenazan la seguridad alimentaria, hídrica y ambiental de millones de personas.
Bajo el lema «Restaurar la tierra, liberar las oportunidades», la edición 2025 de esta efeméride pone en el centro del debate la necesidad de restaurar los ecosistemas degradados como medida urgente ante la crisis climática.
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Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cada segundo se degradan tierras equivalentes a cuatro campos de fútbol, una alarmante cifra que evidencia la magnitud del problema.
Sin embargo, la restauración de la tierra ofrece esperanza: por cada dólar invertido en rehabilitación, se puede generar un retorno de hasta 30 dólares.
Además, una agricultura sostenible podría reducir el uso de agua en cultivos hasta en un 30% durante períodos de sequía, demostrando que existen soluciones concretas para enfrentar estos desafíos.
En el contexto nacional, la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA) está trabajando en diversos proyectos para enfrentar la desertificación y la sequía.
Entre ellos destacan, el manejo del lirio acuático en el Lago de Yojoa, la implementación de planes de deforestación cero y la recuperación de microcuencas estratégicas para el abastecimiento hídrico.
Estos esfuerzos se alinean con las recomendaciones de la ONU, que promueve medidas como el mejoramiento del suelo, la reforestación, el manejo sostenible del pastoreo y el reverdecimiento de zonas áridas.
Durante los actos conmemorativos de este año, Bogotá, Colombia, ha sido sede de eventos clave donde se ha resaltado la urgente necesidad de restaurar tierras como camino hacia una sostenibilidad real.
La gestión sostenible de la tierra es fundamental no solo para mitigar los efectos del cambio climático, sino también para garantizar un futuro digno a las generaciones venideras.
En 2025, Honduras reafirma su compromiso con la lucha contra la desertificación y la sequía a través de políticas públicas, educación ambiental y trabajo comunitario. Restaurar la tierra no solo es una necesidad ecológica, es una oportunidad para generar empleo, seguridad alimentaria y resiliencia climática.