Cada 30 de mayo, Honduras celebra el Día del Árbol, una fecha que debería ser un verdadero llamado a la acción, pero que, en la práctica, se ha convertido en una formalidad.
Las actividades escolares —siembra simbólica de árboles, jornadas de limpieza y charlas sobre el medio ambiente— suelen durar un solo día, cuando el compromiso con nuestros bosques debería ser permanente.
Te puede interesar.- China lanza el primer campeonato de boxeo entre robots humanoides
La realidad es preocupante, ya que en Honduras no existe una educación ambiental integral dentro del sistema educativo.
La siembra de árboles en escuelas y colegios ha caído en el olvido, como si cuidar un árbol no fuera una de las formas más sencillas y poderosas de sembrar conciencia sobre el futuro de nuestras ciudades, cada vez más asfixiadas por la contaminación y el crecimiento urbano descontrolado.
Los árboles, reconocidos como los pulmones del planeta, desempeñan funciones vitales, purifican el aire, regulan la temperatura, protegen los suelos y sirven de refugio para la biodiversidad. Sin embargo, su importancia sigue siendo ignorada por quienes ven en el bosque solamente leña, tierra para cultivar o espacio para construir.
Según datos recientes del Instituto de Conservación Forestal (ICF), en lo que va del año 2025, Honduras ha perdido más de 28,123 hectáreas de bosque a causa de 786 incendios, la mayoría provocados.
Lamentablemente, la justicia no alcanza a los culpables y no existe un registro claro de los responsables.
Solo en abril se reportó más de la mitad de estos siniestros, afectando 14,366 hectáreas. La capital, Tegucigalpa, ha sido la más golpeada, con 262 incendios que arrasaron 9,883 hectáreas.
Las causas son múltiples, temperaturas extremas, quema agrícola descontrolada y, sobre todo, la mano criminal del hombre.
Esta devastación revela un país que no cuida su mayor riqueza natural y que, cada año, se vuelve más vulnerable ante el cambio climático, las crisis hídricas y los desastres naturales.
En 1927, Honduras declaró al pino como su árbol nacional, símbolo de una riqueza forestal que hoy está en grave peligro. El país alberga siete especies de pino, muchas de ellas amenazadas por la tala indiscriminada y los incendios forestales.
Este día no puede seguir siendo una excusa para discursos vacíos ni para actividades de un solo día.
Es momento de tomar decisiones firmes, incluir la educación ambiental de forma real y transversal en el currículo escolar, fortalecer las políticas de reforestación, castigar con severidad los crímenes ecológicos y fomentar una cultura nacional que entienda que plantar un árbol es sembrar futuro.
Porque en Honduras, todavía estamos a tiempo de revertir esta triste realidad, porque hoy es más fácil quemar un bosque que cuidar un árbol.