A sus 86 años, el sastre que viste a los papas, ya prepara el traje del próximo pontífice

Desde Juan Pablo II, pasando por Benedicto XVI, hasta el papa Francisco, Raniero Mancinelli (Roma, 1939) puede presumir de haber vestido a los últimos tres pontífices.

A sus 86 años, este veterano sastre ya prepara el traje del próximo papa en su emblemática sastrería, única en el mundo, situada a escasos 300 metros del Vaticano.

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En su taller del barrio romano de Borgo Pío, fundado en 1962 bajo el nombre «Mancinelli Clero», el artesano trabaja con esmero, cosiendo a mano los ornamentos litúrgicos que vestirán no solo al futuro pontífice, sino también a los cardenales que participarán en el próximo cónclave, previsto para iniciar el 7 de mayo, con la participación de 133 cardenales.

Mancinelli explica que ya está confeccionando el traje papal en tres tallas distintas, para que pueda adaptarse a cualquier tipo de cuerpo, «estoy preparando tres tallas diferentes de modo que puedan servir para cualquier cuerpo, sea quien sea el próximo papa», comenta con orgullo.

Durante estos días, su tienda está repleta de actividad. Purpurados, sacerdotes y hasta peregrinos hacen fila para encargar sotanas, casullas o simplemente llevarse un recuerdo del lugar donde se visten los líderes de la Iglesia.

«Muchas peticiones… No sabría decir cuánto ha aumentado, pero hay mucho movimiento. Algunos necesitan una faja, otros el solideo, o la parte del cuello», detalla Mancinelli, entre cintas métricas, agujas y retales de tela.

A su lado trabaja ya la tercera generación de su familia: su hija y su nieto, quienes lo acompañan en esta tradición única que ha vestido a los máximos representantes del catolicismo.

Este año, además, la ciudad de Roma espera recibir hasta 30 millones de peregrinos con motivo del Jubileo de la Esperanza, un evento que solo se celebra cada 25 años.

Con la vitalidad intacta, Mancinelli sigue moviéndose con la precisión y pasión de un joven aprendiz. Mide, corta, cose y asesora con un entusiasmo contagioso. Aunque ya está centrado en la preparación para el próximo pontífice, no olvida a Francisco:

«Era muy sencillo, se contentaba con facilidad porque no quería cosas muy refinadas. Modesto y muy alegre. Las pocas veces que lo vi, tuve una relación grandísima con él. Conmigo era jovial, sonriente y con mucho gusto», recuerda con cariño.

En tiempos de cambios y tradiciones milenarias, Raniero Mancinelli representa el fino arte de la costura al servicio de la fe.

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