Cerro La Vieja: El misterioso guardián cerca del Parque Nacional La Tigra

Honduras.- Enclavado en las faldas del Parque Nacional La Tigra, en el sector de Jutiapa, se encuentra un enigmático relieve natural conocido como “Cerro La Vieja”, un cerro inclinado que, además de su belleza escénica y potencial como mirador, está envuelto en leyendas y relatos misteriosos que han perdurado por generaciones.

Don Emilio Licona, habitante de la comunidad, compartió con la Revista Hibueras el origen del peculiar nombre del cerro.

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Según las historias transmitidas por sus abuelos, el cerro recibió su nombre tras un inquietante suceso ocurrido a finales del siglo XIX.

“Ese cerro que parece volcán se llama Cerro La Vieja. Mi abuelo contaba que un señor llamado Francisco, que vivía cerca de la torre aquí en la comunidad, subió hasta la cima. Cuando regresó, no podía hablar; estuvo así tres días, y cuando por fin despertó, dijo que allá arriba le había salido una vieja horrible”, narró Licona.

Desde entonces, la historia de “la vieja” –que muchos identifican como La Sucia, un personaje del folclore centroamericano– quedó ligada al cerro. Así nació la leyenda que dio nombre a este imponente guardián natural.

Pero el misterio no termina ahí. Don Emilio también relata otras leyendas que circulan en la zona, como la del duende que solía aparecerse en los caminos jugando con las vacas, o la infame carreta fantasma, una aparición recurrente en los tiempos en que la montaña era explotada por empresas mineras extranjeras.

“Me contaba mi abuelo que casi todos los meses los gringos sacaban plata y oro de esa montaña. Pero un día antes de que pasara el cargamento, siempre se escuchaba la carreta fantasma”, recuerda.

Según los antiguos relatos, la actividad minera no solo extrajo los metales preciosos del cerro, sino que también devastó la montaña, al talar árboles gigantescos de roble y encino que eran utilizados para reforzar los túneles dentro de las minas.

Hoy, el Cerro La Vieja sigue siendo un lugar de asombro, no solo por su impresionante vista, sino también por las historias que lo envuelven.

En medio de los senderos que bordean La Tigra, este cerro permanece como un testimonio vivo de la memoria oral, el misticismo rural y los secretos que aún guarda la naturaleza hondureña.

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