Mundo.- La Iglesia celebra el Bautismo del Señor, un acontecimiento que marca el final de la temporada de Navidad y la manifestación de la Santísima Trinidad.
Este día invita a reflexionar sobre la humildad de Jesús al presentarse ante Juan el Bautista para ser bautizado en el río Jordán, un acto que simboliza su solidaridad con la humanidad y la consagración de las aguas para el bautismo cristiano.
Te puede interesar.- Presidenta Castro inaugura ampliación de subestación de energía en SPS
San Máximo de Turín expresó en el siglo V que «cuando se lava el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo y queda limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de venir a la gracia de aquel baño».
Este evento es una epifanía, una manifestación de la Santísima Trinidad, Dios Padre habla desde el cielo, «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
El Espíritu Santo desciende en forma de paloma, confirmando la divinidad de Cristo. Jesús, el Hijo, santifica las aguas y revela su misión redentora.
El relato destaca que la humildad de Juan el Bautista, quien reconoce a Jesús como el Mesías y afirma que Él bautizará con Espíritu Santo y fuego.
La revelación divina, cuando los cielos se abren y el Padre proclama a Jesús como su Hijo amado.
El Bautismo del Señor nos invita a recordar nuestro propio bautismo, por el cual fuimos incorporados a la familia de Dios, recibimos el Espíritu Santo y fuimos llamados a vivir como discípulos de Cristo.
La celebración nos motiva a contemplar la humildad y obediencia de Jesús, quien, aunque sin pecado, aceptó el bautismo como señal de salvación.
En este día, concluye el tiempo de Navidad y la Iglesia se adentra en el Tiempo Ordinario.