HAMBRE Y CALAMIDAD

SEGÚN datos, de dos años atrás, elaborado por el Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición (FAO), revela que la mayoría de la población hondureña está en subalimentación, lo que consiste en que no consiguen alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de energía alimentaria mínimas.     

Las principales causas se deben a los altos costos de la canasta básica, el desempleo y subempleo, y la reducción de ingresos en los hogares que perpetúan.

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Más allá de la falta de alimentos, esto genera una inseguridad alimentaria, la que tiene efectos devastadores en la salud, especialmente en los niños, quienes sufren retrasos en su desarrollo y un mayor riesgo de enfermedades crónicas como diabetes y problemas cardíacos.

Este círculo vicioso entre hambre y enfermedades crónicas limita la capacidad de las personas para trabajar y generar ingresos, eternizando la pobreza en las comunidades más vulnerables.

En Honduras se vive una inseguridad alimentaria el que ha alcanzado niveles alarmantes a nivel global, y se manifiesta de manera crítica.

El último informe de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF) para Honduras (diciembre de 2023 a agosto de 2024) resalta que 1.8 millones de hondureños, el 18% de la población analizada, están en fase 3 o superior de inseguridad alimentaria.

De estos, 1.6 millones están en crisis (fase 3) y 174,000 en emergencia (fase 4). Esta grave situación obliga a muchas personas a reducir la cantidad de comidas diarias, aumentando el riesgo de desnutrición aguda si no se implementan medidas urgentes.

Los departamentos más afectados incluyen Gracias a Dios, Lempira, Yoro, Choluteca, La Paz y Santa Bárbara, lo que exige una respuesta inmediata por parte de las autoridades, Organizaciones no Gubernamentales y la comunidad internacional.

Aunque la situación se mantuvo estable en los primeros meses de 2024, el período de hambre estacional entre junio y agosto podría empeorar, con un aumento proyectado de 1.9 millones de personas en situación crítica.

Las regiones de Olancho, El Paraíso y Valle también podrían ser afectadas debido a su vulnerabilidad a desastres naturales, ya que dependiendo de los fenómenos, si son de mucha agua o de resequedad, es la población quien resiente las calamidades.  

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