¿Acaso todavía somos hondureños?

El recordado compatriota Dionisio Romero Narváez, periodista, educador y, sobre todo, hondureño a carta cabal, escribía, en la década de los cincuenta, un artículo bajo el título de «NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN PATRIA». El clamor viril, cívico y profundamente nacionalista de aquel ilustre varón, revelaba, con alguna queja lírica, la realidad que vive nuestra irredenta nación, en cuanto al desmembramiento a que la han sometido y siguen sometiendo los gobiernos entreguistas de ayer y de siempre.

Nosotros, hace algunos meses emulábamos a don Nicho, preguntándonos si algún día «podremos volver a ser hondureños».

Nuestra queja quedó, como todo lo bien intencionado, en el olvido; nadie en absoluto dijo esta boca es mía, frente al cúmulo de reflexiones que planteábamos, con el ánimo de hacer conciencia cívica en las nuevas generaciones y, desde luego, en el pensamiento de nuestros valores literarios y periodísticos.

Ahora, con la tenacidad que nos caracteriza, según apreciaciones del sesudo hondureño Rodrigo Wong Arévalo, volvemos a la carga, seguros de que, por lo menos, nos leerán y de nuevo nos tildarán de ilusos o trasnochados.

En verdad de rigor, estamos haciendo algo los catrachos por rescatar nuestra identidad, hace tiempos perdida en el olvido de los insensatos…?

En realidad nuestros gobiernos acusan alguna preocupación por rescatar la memoria de nuestros valores cívicos, perpetuándolos en el panel de la gloria para ejemplo de nuestras generaciones presentes y futuras…?

Existe en realidad algún trabajo debidamente programado, esquematizado y factible que nos conduzca, poco a poco, al rescate de nuestra juventud, descarriada desde su más tierna infancia…?

Cuando alguien busca logros de engrandecimiento patrio, acudimos todos a cooperar para que esos sanos propósitos se realicen en beneficio de toda la hondureñidad…?

Somos en realidad cooperativos…? tenemos capacidad de raciocinio cuando, equivocada o maliciosamente, se trata de traicionar a la patria con fines de lucros o de popularidad electorera…?

Acudimos prestos a brindar nuestra colaboración a nuestros semejantes cuando se encuentran clamando auxilio al ser agredidos física o moralmente…?

Cumplimos, siquiera en parte mínima, la sentencia bíblica «dad de beber al sediento y de comer al hambriento»…?

Respetamos nuestros valores cívicos tal como debe ser, para el caso, estamos en condiciones de rendir un tributo, que recoja la historia catracha con verdadero orgullo, en memoria del Paladin General Francisco Morazán en el II Centenario de su nacimiento…?

Seguiremos tolerando, en complicidad con la Corporación Municipal del D.C. y la Fuerza de Seguridad Pública, los abusos que la gente inculta comete en el sagrado lugar en donde se yergue ha muchos años la Estatuas en bronce del Héroe de la La Trinidad…?

Podremos algún día, pero pronto, decir con orgullo somos HONDUREÑOS; queremos, respetamos y cuidamos nuestro país porque en su seno nacimos, crecimos y morimos…?

Ahi los sueños líricos de los quijotes de Hibueras!!!

La renacida Revista Hibueras comparte un artículo de Toques y Retoques del 29 de febrero de 1992.

Deja un comentario

Descubre más desde REVISTA HIBUERAS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo