Mucho antes de que la capital conociera la electricidad, un pequeño pueblo minero ya brillaba en las montañas de Francisco Morazán.
San Juancito fue el primer pueblo de Honduras en tener luz eléctrica, un símbolo del auge que vivió gracias a la minería de oro y plata impulsada por la Rosario Mining Company, cuyos años de esplendor marcaron profundamente la historia nacional.
El cierre de la mina en 1954 significó un golpe devastador: cerca de dos mil personas quedaron sin empleo y aquel pueblo moderno, próspero y lleno de vida comenzó a caer en el olvido.
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Sin embargo, San Juancito también fue escenario de otros hitos, como la primera planta embotelladora de gaseosas del país, La Reina, que introdujo la Pepsi Cola a Honduras de la mano de su propietario de origen chino, Yu Shan.
Décadas después, cuando el abandono amenazaba con borrar su legado, surgió una luz distinta. En los años noventa, la artista Regina Aguilar Pinel fundó la Fundación San Juancito, un proyecto cultural y social que ha logrado rescatar la memoria del pueblo a través del arte, la artesanía y la restauración patrimonial.



Durante más de 25 años, la fundación ha generado empleo para mujeres artesanas de la comunidad, creando piezas de diseño contemporáneo en papel hecho a mano, cerámica, barro, herrería y textiles.
Espacios como “El Crisol”, el museo fotográfico y el café cultural mantienen vivo el espíritu de San Juancito.



Hoy, visitar San Juancito es un acto de memoria y esperanza, una invitación a reflexionar sobre el pasado y a creer que, con arte, compromiso y dignidad, la historia también puede renacer.