Hoy, a las 6:00 P.M., el escritor hondureño Marlon Mejía Rubí presenta su primer libro, El Barrendero y El Perro, un cuento navideño que pone en primer plano la labor cotidiana de los hacedores ambientales de Comayagua.
La actividad se desarrolla en la Casa de la Cultura, con la participación de barrenderos de la ciudad, artistas y autoridades municipales, patrocinadores del proyecto literario.
Rubí, comunicador, narrador visual y artesano de ideas, entiende la narrativa como una herramienta transformadora.
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“Mi oficio es crear experiencias que aporten valor a las personas y que ponen la función por encima de la forma; dejamos el ego a un lado y damos ese primer paso para construir una sociedad más consciente”, reflexiona el autor.
El proyecto nació con un propósito claro: visibilizar y rendir homenaje a quienes mantienen limpias las calles y hacen posible la vida urbana, personas que rara vez son protagonistas en la vida pública.

Fue Carlos Miranda, alcalde de Comayagua, quien acompañó al escritor en darle vida y forma a la iniciativa.
“Quise darle reconocimiento y visibilidad a este grupo de personas que realizan una labor tan humana como cuidar del otro”, explica Rubí.
La obra se inscribe en la tradición hondureña de narrativa breve, un género menos documentado en medios masivos pero esencial para reflejar la vida cotidiana.
Tecnología, acceso público y lectura para todos
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es su formato híbrido: el cuento está disponible a través de códigos QR instalados en tres puntos del parque León Alvarado en Comayagua, para que visitantes y residentes puedan leerlo directamente en sus dispositivos móviles.

Además, Rubí informó que la obra también puede leerse en línea en http://www.elparranderoyelperro.com y que se trabaja en una versión física que se editará más adelante, cuando el proyecto reúna los recursos necesarios.
Este lanzamiento no solo marca un hito para Rubí como autor emergente, sino que también pone en el centro del discurso cultural a quienes, aunque a menudo invisibles, marcan el pulso diario de nuestras ciudades.