En un salón donde el olor a óleo se mezcla con la calma de la tarde, Sandra Antúnez sostiene un pincel como quien sujeta un hilo que la conecta con su historia.
A sus más de 60 años, esta mujer que siempre vivió rodeada de arte encontró en la pintura no solo una nueva pasión, sino un renacer personal.
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«El arte ha estado presente en mi vida desde mi juventud, comencé sirviendo a través de decoraciones en la iglesia, como una ofrenda al altar y a Dios» , recuerda con serenidad.
Esa semilla, sembrada en su adolescencia, germinó en sus “años de plata”, como ella misma los llama.
Sandra pinta con la delicadeza de quien entiende que nunca es tarde para recrear lo que habita en el alma, mientras las experiencias vividas se transforman en color y emoción.


En su familia, la influencia artística siempre estuvo presente; su hermano, con quien compartió más de cuarenta años, fue su primera inspiración; y ahora su nieto, un pequeño con talento innato para el dibujo, continúa el legado.
«Él tiene algo natural, como si el arte fuera una herencia silenciosa» dice con orgullo.
Hace cinco meses decidió iniciar clases de pintura con la maestra Denia Nelson.

Confiesa que al principio sintió temor, el proceso se convirtió en una terapia emocional: «Pensé que no lo lograría, pero con paciencia y perseverancia entendí que el arte también enseña a esperar».
Para Sandra, el arte no es solo color y forma: es expresión, catarsis y diálogo interno.
Según ella, cada trazo busca representar a la mujer como fuerza vital, creadora y resiliente:
«Pinto mujeres porque en ellas encuentro una historia colectiva: la mía y la de todas».
Ya jubilada, Antúnez reflexiona sobre los desafíos que enfrentan las personas mayores y lamenta la ausencia de programas gratuitos de bienestar integral.
«Es una lástima que el Estado no tenga espacios de inclusión para nosotros», afirma.
Ella considera que muchas veces los adultos mayores se sienten fuera de la sociedad, «cuando aún tenemos tanto que aportar».
Con sensibilidad y firmeza, Sandra lanza un mensaje a las nuevas generaciones: «No olviden a los mayores; en cada adulto está la sabiduría de la vida» .
Su historia es la de una mujer que transformó la jubilación en una etapa de creación y propósito; porque el arte, para Sandra Antúnez, no llegó tarde: simplemente llegó en el momento perfecto.