Con altares llenos de color, aroma a pan de muerto y el eco de las tradiciones ancestrales, la Embajada de México en Honduras conmemoró el Día de Muertos en el Paraninfo de la Nacional Autónoma de Honduras (CAC-UNAH), reafirmando los lazos culturales entre ambas naciones.
El encuentro inició con las palabras de bienvenida de Lili Pérez, directora del Paraninfo CAC-UNAH, quien destacó la relevancia simbólica del acto.



“Para la Universidad Nacional Autónoma de Honduras celebramos este lazo que nos une, con la certeza de que la belleza de la tradición, de la memoria y la palabra nos salva siempre».
La funcionaria agradeció a nombre del rector Odir Hernández, a la Embajada de México en Honduras por traer esta tradición al Paraninfo Universitario”, expresó Pérez.

Entre flores de cempasúchil, velas encendidas y retratos de seres queridos, la ceremonia se convirtió en un espacio de encuentro y reflexión.
“Que las flores de esta mañana y la hermandad que todos compartimos nos recuerden que la muerte no vence, solo transforma, y que mientras exista el arte y las tradiciones, seguiremos encontrándonos en esta misma celebración” destacó Pérez.
Por su parte, Susana Peón, embajadora de México en Honduras, resaltó el valor espiritual y colectivo de la fecha.
“Esta celebración no es un luto, sino un acto de amor. No es el miedo a la muerte, sino la certeza de que la vida continúa en el recuerdo”, afirmó.
La diplomática explicó que cada elemento del altar tiene un significado profundo: “El papel picado representa el viento y la alegría, la vela encendida simboliza la eternidad y la fotografía inmortaliza un rostro amado».


«Es en esta dualidad donde encontramos nuestra identidad y nuestra fuerza; esta ofrenda es un espejo de nuestra cultura y de nuestra comunidad mexicana”, añadió.
Durante la ceremonia, también se reconoció el papel de las mujeres como guardianas de la tradición.
“Son las abuelas, las madres, las hijas y las hermanas quienes han mantenido vivo este puente entre la vida y la muerte, transformando el dolor en arte y la ausencia en presencia”, dijo Peón.
Como cierre de la jornada, los asistentes compartieron pan de muerto, chocolate caliente, tacos dorados y pan relleno de pollo al mole, en un ambiente donde la memoria y la fraternidad fueron los verdaderos protagonistas.
Cierre potente:
El altar quedó encendido como símbolo de unión entre México y Honduras, recordando que la muerte no es el final, sino el regreso amoroso de quienes siguen viviendo en la memoria colectiva.