A los dos años, mientras otros niños jugaban con juguetes, Valeria Henríquez Pineda ya dialogaba con los colores.
Las paredes fueron su primer lienzo, el espacio donde su imaginación comenzó a hablar con destellos de genialidad.
“Ese lenguaje creativo viene de mi familia. Mis tres hijos son talentosos; una escribe poesía en España, también premiada. Sin duda, es una herencia de la que estamos orgullosos”, comparte su madre, Karina Pineda.
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Desde muy pequeña, Valeria transformaba cada pared en un campo de exploración artística.
A los diez años ingresó a la escuela Arte Puro de Tegucigalpa, donde bajo la guía de Julia Lazzaroni, perfeccionó técnicas y aprendió a pintar con óleo, acrílico y pastel.



El arte como puente con el mundo
Desde entonces, no ha dejado de pintar.
Su talento la llevó a participar en certámenes locales e internacionales, conquistando el reconocimiento del público y la crítica.

Gracias a su ímpetu, sus obras se han exhibido en Francia, Estados Unidos y Cuba, donde ha recibido premios y menciones honoríficas que consolidan su nombre entre las jóvenes promesas del arte centroamericano.
“Quiero seguir aprendiendo para que más personas conecten con el arte”, expresa en un texto que compartió con Revista Hibueras.



A sus 14 años, Valeria estudia octavo grado, pero cada sábado se escapa dos horas a sus clases de pintura, y entre semana encuentra momentos para crear en casa.
Colores que hablan del alma
Sus obras reflejan su mundo interior: la naturaleza, los atardeceres y el anochecer, cada cuadro es una ventana a su manera de mirar la vida, donde el color es emoción y la forma, la manera de contar historias.
«Cuando me siento frente al lienzo, los colores llegan desde lo que veo y siento».

Valeria se define como una artista que busca transmitir emociones y bienestar.
“El poder crear me gusta mucho, pero más que eso, quiero que quienes ven mi arte sientan bienestar.”
Con la humildad de quien sabe que aún tiene mucho por aprender, pero con la certeza de que el color será siempre su lenguaje más sincero, Valeria Henríquez pinta sueños que ya comienzan a hablarle al mundo.