Japón se estaba levantando de una guerra que lo había dejado roto por dentro. En ese contexto trabajaba Yuko Shimizu para una pequeña empresa llamada Sanrio, donde su tarea era diseñar personajes que pudieran vender cosas lindas.
“Pero yo no quería hacer solo algo tierno… quería crear un símbolo de consuelo”, relató la diseñadora original de Hello Kitty. En aquel tiempo, su hija estaba muy enferma y apenas podía hablar. Fue en ese silencio donde nació Hello Kitty: un personaje que no hablaba, pero lo decía todo con su presencia.
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Al principio muchos se burlaron. Decían que era raro, que no tenía sentido. ¿Un gato sin boca?, ¿una imagen tan simple? Lo que pocos entendían era que esa sencillez era un espejo, un reflejo de todo lo que no sabíamos expresar.

Hello Kitty no era solo un dibujo, era una forma de sanar. Mientras su hija luchaba con su salud, ese personaje se convirtió en refugio para Shimizu… y con el tiempo también para millones de personas en todo el mundo.
Las ventas crecieron de manera inesperada. Mochilas, cuadernos, peluches… pero lo que realmente se compraba era cariño, ternura y la sensación de compañía. Y aunque pocos conocían la historia detrás del personaje, cada vez que alguien abrazaba a Hello Kitty, Shimizu sentía que también abrazaban a su hija… y a ella.
“A veces, las cosas más silenciosas… son las que más sanan.” – Yuko Shimizu