En Honduras, esta planta comestible es conocida como macusa o macuse, aunque en otros países centroamericanos recibe diferentes nombres, como chufles o choretes (El Salvador), chufles (Guatemala), rizomas (Nicaragua), lerenes (Costa Rica y Panamá), y flor blanca (México).
Pertenece a la familia de las marantáceas, y aunque existen especies similares en el norte de Sudamérica, esta variedad es originaria de Centroamérica.
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La planta destaca por sus brotes tiernos, que son las inflorescencias jóvenes, las cuales se cocinan como verdura y se incorporan en diversas recetas tradicionales.
En Honduras, suelen utilizarse en sopas, guisos y, en algunas regiones, en ensaladas calientes, dependiendo de las costumbres culinarias de cada familia o comunidad.
Además, sus hojas son aprovechadas para envolver tamales u otros alimentos, ya que aportan aroma y ayudan a mantener la humedad durante la cocción.
Las raíces tuberosas, por su parte, contienen entre un 13 y 15 % de almidón y alrededor de un 6.6 % de proteínas, lo que las convierte en una opción nutritiva y energética.
El consumo de chufles no solo forma parte de la alimentación tradicional hondureña, sino que también representa un ejemplo de cómo las comunidades rurales han sabido aprovechar de manera integral los recursos naturales, conservando el conocimiento ancestral y transmitiéndolo de generación en generación.
Hoy en día, los chufles siguen siendo un ingrediente muy valorado en muchas cocinas del país, especialmente en el interior, donde la conexión con la tierra y las tradiciones sigue viva.