Ojojona no solo es artesanía, es historia viva… y Francisco Morazán forma parte de ella

Honduras.- A tan solo 34 kilómetros al sur de Tegucigalpa, se encuentra Ojojona, un municipio que respira historia, cultura y orgullo nacional.

Entre calles empedradas, casas coloniales y tradiciones vivas, Ojojona guarda un capítulo crucial de la historia de Honduras: la captura del General Francisco Morazán el 15 de junio de 1827, en una casa que hoy sigue en pie y se llama Villa Trinidad.

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Villa Trinidad: símbolo de memoria nacional

Ubicada en el corazón de Ojojona, Villa Trinidad es la casa donde Francisco Morazán fue capturado durante su lucha contra el gobierno conservador.

Hoy, este histórico inmueble ha sido restaurado y transformado en una galería y café, donde se exhiben documentos, copias del testamento de Morazán, y datos biográficos tanto del héroe como de su familia.

Es un punto de interés que permite a los visitantes conectarse con la gesta del prócer y reflexionar sobre su sueño de una Centroamérica unida, libre y democrática.

Francisco Morazán: el visionario de Centroamérica

Nacido en Tegucigalpa el 3 de octubre de 1792, Morazán fue un líder liberal que luchó incansablemente por la unidad centroamericana.

En 1827 encabezó una revuelta contra el gobierno conservador en Honduras, y dos años después fue nombrado jefe de Estado.

Entre 1830 y 1839, presidió la Federación de las Provincias Unidas de Centroamérica, que incluía Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Durante su gobierno impulsó reformas liberales: educación laica, libertad de prensa, eliminación del diezmo obligatorio y separación entre Iglesia y Estado.

Sin embargo, estas reformas provocaron conflictos con los sectores conservadores. Morazán fue finalmente capturado en Costa Rica y ejecutado el 15 de septiembre de 1842.

Ojojona: herencia lenca, minería y cultura viva

Según José Ramón Nieto Silva, maestro de educación media, gestor cultural y responsable de la Comisión Morazanista, Ojojona es mucho más que una localidad pintoresca, es un pueblo con profundas raíces lencas y un rol clave en la historia minera de Honduras.

De hecho, cuando los españoles llegaron, ya existía un asentamiento indígena organizado, y fue en esta región donde se descubrieron los primeros yacimientos de plata que dieron origen a lo que más tarde sería la Real de Minas.

Nieto sostiene que, históricamente, Ojojona produjo más minerales que Tegucigalpa, y que por eso, en justicia, la Real de Minas debería haberse llamado “Real de Minas de Ojojona”.

Íconos culturales de Ojojona

Además de Morazán, Ojojona ha sido cuna de grandes personalidades como, Pablo Zelaya Sierra, notable pintor hondureño; Francisco Díaz Zelaya, músico destacado; Eduardo Martínez López, educador y defensor cultural; Canónigo Santiago Zelaya, figura influyente en la Iglesia.

También Guillermina Cerrato Díaz Zelaya (“Tía Mina”), promotora de las artesanías, el teatro, la danza, la gastronomía y el turismo cultural.

La «Tía Mina», aunque no nació en Ojojona, se enamoró del lugar y lo convirtió en un centro de producción artesanal y cultural.

Fue pionera en introducir tornos, producción en serie y en rescatar la cocina tradicional, lo que transformó a Ojojona en la capital del turismo cultural de la zona, recordó Nieto Silva.

El Guancasco de Ojojona y Lepaterique: una tradición de hermandad

Una de las manifestaciones culturales más representativas de Ojojona es el Guancasco, una tradición con más de 200 años que simboliza la reconciliación y hermandad entre pueblos.

Esta costumbre tiene raíces en antiguos conflictos territoriales, y fue la Iglesia Católica quien impulsó su solución mediante encuentros festivos entre imágenes religiosas.

Cada 20 de enero, durante las festividades de San Sebastián, habitantes de Lepaterique visitan Ojojona, partiendo el 18 y regresando el 20.

Detalló que algunos caminan, otros llegan a caballo o en vehículos. El evento incluye bailes, encuentros entre imágenes, juegos de banderas, desfiles a caballo, música, cargadores, caporales, y una rica liturgia en la iglesia local.

Según Nieto, esta tradición fortalece vínculos familiares y culturales, y representa una de las expresiones más completas del patrimonio intangible hondureño.

Desafíos contemporáneos y rescate de la identidad

José Ramón Nieto también advierte sobre la pérdida de identidad cultural en Ojojona. Con el crecimiento poblacional y la llegada de nuevos habitantes que desconocen o no valoran la historia del lugar, tradiciones, lenguas y valores lencas han comenzado a diluirse.

El rescate de la lengua lenca, la protección de las fuentes de agua, la educación en valores cívicos y la revalorización del patrimonio histórico son urgencias actuales.

Ojojona sigue siendo un pueblo con potencial inmenso, pero requiere apoyo institucional y comunitario para preservar lo que lo hace único.

Este municipio no es solo un pueblo bonito, es un símbolo de resistencia, historia y arte. En sus calles se siente el legado de Morazán, de los artesanos, de los músicos, pintores y líderes espirituales que le dieron forma.

Es un lugar donde el pasado todavía puede enseñarnos a soñar con un país —y una Centroamérica— más justa, culta y unida.

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