En medio del concreto, el polvo y los postes de luz, una pantalla blanca ondea tímidamente al caer la tarde. No es adorno ni anuncio: es cine. Cine en la calle, cine con la gente. Un proyecto liderado por el documentalista hondureño Luis Méndez, con el respaldo del Instituto Hondureño de Cine (IHCINE), que busca recuperar el espacio público como lugar seguro de encuentro, reflexión y cultura urbana.
El primer ciclo de proyecciones culminó con una joya casi silente del patrimonio fílmico nacional: No hay tierra sin dueño, de Sam Kafati. Para Luis, esa película es más que un cierre simbólico: «Es la lucha histórica del campesinado… y es nuestra cara internacional del cine hondureño». Una obra que debería ser de dominio común, pero que permanece invisible para muchos.
Por eso existe Cine de Calle. Porque hay historias que se cuentan mejor si se viven en comunidad. Porque no se trata solo de ver una película, sino de verse en ella.

El Cine de Calle no entra a los barrios como visitante, sino como aliado. No organiza desde afuera, sino que se articula con grupos ya organizados, redes de jóvenes, colectivos culturales, comunidades de fe y organizaciones de base. “Nosotros no llegamos directamente a montar, llegamos por medio de quienes ya están haciendo algo en el territorio”, explicó Luis en una entrevista exclusiva a Revista Hibueras.
Así fue como en colonias como Los Pinos, Nueva Suyapa o Villa Nueva, se aliaron con organizaciones como Compartir, junto a las cuales se define el lugar, se convoca a la comunidad y se monta la pantalla. La gente llega. Algunos por curiosidad, otros por rutina, otros porque hace tiempo no se sentaban en una acera a ver algo con otros. Pero todos se quedan.
El cine es la excusa. Luego vienen los diálogos. Las preguntas. Las charlas con jóvenes, niños, abuelas. Lo que inicia como una proyección termina como una conversación que traspasa la pantalla. Aquí el arte no es un lujo, es una herramienta para sanar, cuestionar, imaginar.

Lo que queda después de la luz
Detrás del proyecto hay un equipo de producción encabezado por Yina Morales, como productora y Junior Álvarez, como director de fotografía que también filma la experiencia para producir un corto documental de quince minutos donde se recogerán las memorias de las diez jornadas de proyecciones, los rostros, las voces y las emociones que surgieron en cada calle transformada en cine. Luis Méndez no solo es documentalista y fotógrafo; es también educador popular, y esa mirada atraviesa todo el proyecto. “Hacemos un aporte a las luchas sociales desde el trabajo documental y fotográfico”, cuenta. Cine de Calle, en ese sentido, no es un evento: es una estrategia cultural.
