Gabriela Rodríguez: Madre, agricultora y ejemplo de superación en el campo hondureño

Santa Lucía, Francisco Morazán.- En la aldea de Plancitos, Nuevo Juncales, florece más que la tierra, florece la esperanza, el amor y la dedicación de mujeres como Gabriela Rodríguez, una madre agricultora de 40 años que, con manos firmes y corazón noble, ha forjado una vida digna cultivando flores junto a su familia.

En medio de un paisaje fresco y lleno de color, Gabriela trabaja arduamente en el corte de flores, una tradición familiar que honra especialmente en el marco del Día de la Madre.

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“Aquí trabajamos con mi papá en la siembra de flores, y nosotros le ayudamos a él”, relata con orgullo mientras recoge con delicadeza los ramos que luego venderá en San Lorenzo, al sur del país.

Madre de dos hijos, Gabriela —que nombra con ternura a su hija Gabriela y a su hijo José Carlos—, combina la crianza con el trabajo agrícola. “Yo trabajo en el campo mientras ellos andan en la escuela. Este trabajo me ha permitido darles estudio”, afirma.

Su vida ha estado ligada al cultivo de flores desde temprana edad, una actividad que heredó de sus padres y abuelos. “Trabajamos desde que estábamos pequeñas. Esa ha sido la tradición para el Día de la Madre.

Es un trabajo pesado, pero muy bonito. Vivimos felices, con un aire frío, gracias a Dios”, cuenta con una sonrisa serena.

Gabriela no está sola. Como ella, varias mujeres —madres también— trabajan desde las 5:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde, incluso los domingos, para mantener vivas las flores que cultivan.

Juntas representan el corazón del campo hondureño: mujeres que siembran, cuidan y cosechan, y que además son pilares fundamentales en sus hogares.

“Todos los trabajos son dignos. La diferencia es que unos están sentados con aire acondicionado y nosotros bajo el sol, pero aquí somos felices sembrando flores”, reflexiona con sabiduría.

En este Día de la Madre, rendimos homenaje a mujeres como Gabriela, quienes han roto estigmas y desigualdades históricas. Hoy lideran, producen y son el sustento de sus familias y comunidades rurales.

Ser madre en el campo es una tarea de tiempo completo: preparar la tierra, sembrar, regar, cuidar, cosechar… y al mismo tiempo educar, alimentar y criar.

Como el sol que da vida y la lluvia que alimenta, el amor de una madre campesina es el paisaje más hermoso que florece en Honduras.

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