Honduras.- Ante el impacto inevitable del cambio climático en la agricultura nacional, las autoridades hondureñas reconocen la urgencia de impulsar alternativas que garanticen la seguridad alimentaria, aun en condiciones meteorológicas adversas.
Mediante una alianza interinstitucional entre la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), a través del Programa Nacional de Desarrollo Rural y Urbano Sostenible (Pronaders), la Secretaría de Educación y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se realizó la mesa técnica para validar la «caja de herramientas» que guiará la implementación de huertos escolares, beneficiando a más de 300 centros educativos en 2025.
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La SAG-Pronaders reunió a diversos actores del sistema educativo y de la cooperación internacional para revisar los contenidos técnicos y metodológicos de esta «caja de herramientas». Al taller también asistieron representantes de escuelas agrícolas, enriqueciendo el proceso de validación.



El gerente técnico de SAG-Pronaders, Jesús Paz, destacó que “estamos desarrollando esta mesa de trabajo que nos permitirá validar lo que se ha venido elaborando desde hace más de dos años, con todo el proceso que incluye el levantamiento de un diagnóstico hasta la recolección de la cosecha del huerto”.
La iniciativa representa un paso decisivo hacia la inclusión formal de los huertos pedagógicos en los planes curriculares de las escuelas públicas del país.
Es el resultado de dos años de ejecución en 14 departamentos, incluyendo Choluteca, Valle, Olancho, El Paraíso, Copán, Ocotepeque, Lempira, Intibucá, Santa Bárbara, La Paz, Colón y Comayagua, con planes de expansión a nuevas comunidades.


Durante el taller, también se definió un plan de acción para garantizar una transferencia efectiva de las herramientas a los centros educativos seleccionados.
En el marco del proyecto «Fortalecimiento del Programa Nacional de Alimentación Escolar», más de 500 centros educativos han sido beneficiados entre 2022 y 2024, articulando el esfuerzo de docentes, estudiantes y padres de familia para crear verdaderos laboratorios vivos.
En estos espacios, niños y niñas aprenden sobre agricultura orgánica, manipulan alimentos saludables sin químicos y adoptan hábitos que contribuyen a la prevención de la malnutrición.